Tras el frustrado intento por frenar las tarifas de COOPSAR, el gremio empresarial busca ahora suspender las ferias en escuelas. La medida desató la furia de cientos de familias vulnerables que encuentran en el comercio popular el único sostén para llegar a fin de mes.
Por la redacción de La Meseta Online
Fiel a su estilo de buscar responsabilidades fuera de las causas estructurales de la crisis, la Cámara de Comercio de Sarmiento, con el aval de la Federación Empresaria del Chubut (FECh), encendió un nuevo foco de conflicto social en la localidad. Esta vez, el blanco elegible no son los grandes grupos ni la inflación galopante, sino las ferias populares —denominadas peyorativamente como “saladitas”— que se organizan de forma recurrente en las instalaciones de escuelas locales.
A través de un comunicado con pretensiones de rigor institucional, la entidad comercial manifestó su “preocupación y rechazo” ante lo que consideran un esquema de “competencia desigual”. Para frenar estas ferias, que se promocionan activamente en redes sociales, la Cámara adelantó que presentará un reclamo formal ante el Ministerio de Educación de Chubut y el Intendente municipal, exigiendo la prohibición del uso de espacios públicos educativos para fines comerciales informales. Como si no fuera suficiente, también amenazaron con recurrir a la Justicia.
Sin embargo, detrás del discurso formal sobre el cumplimiento tributario y el “marco normativo vigente”, la postura patronal esconde una grieta insalvable con la realidad social que se respira en los barrios sarmientinos.
Del fracaso con COOPSAR a la persecución del eslabón más débil
Resulta imposible analizar esta embestida sin ponerla en contexto. Luego de la fallida reunión con las autoridades de la Cooperativa de Servicios Públicos (COOPSAR) —donde la Cámara de Comercio no logró respuestas concretas ni alivio para las tarifas que ahogan al sector—, la conducción del gremio empresarial decidió redirigir la mira. Ante la incapacidad de torcerle el brazo a la prestadora de servicios, la estrategia fue ir contra los feriantes.
La reacción entre los emprendedores no se hizo esperar. En las últimas horas, el descontento de los organizadores y vendedores ambulantes cobró fuerza en las mismas redes sociales donde difunden sus productos. Consideran que la posición de la Cámara es desmedida, autoritaria e insensible frente al complejo momento económico que atraviesa la región.
La feria como refugio contra el hambre y la desocupación
Lo que la cúpula empresarial califica como “competencia desleal” es, para cientos de familias de Sarmiento, el único mecanismo de supervivencia. En un contexto marcado por la pérdida del poder adquisitivo y el desempleo, las ferias escolares se han transformado en un verdadero pulmón económico para el pueblo.
Allí, vecinos desempleados, amas de casa, jubilados y trabajadores precarizados encuentran un canal directo para vender indumentaria usada, artesanías, alimentos caseros o productos de reventa. Es el dinero de esas transacciones de menor escala el que permite pagar un alquiler, comprar medicamentos o, sencillamente, garantizar un plato de comida en la mesa al llegar el fin de mes.
Pretender erradicar estos espacios comunitarios sin ofrecer alternativas de empleo formal ni contención social evidencia la desconexión de ciertos dirigentes con el día a día de la comunidad. Bloquear la puerta de una escuela para evitar que una familia venda lo que tiene a mano no resolverá la caída de ventas de los comercios céntricos, pero sí dejará a decenas de hogares en Sarmiento sin el plato de comida diario.
El debate quedó servido. Mientras las autoridades provinciales y municipales evalúan qué respuesta dar al petitorio de la FECh y la Cámara de Comercio, la tensión en las calles de Sarmiento sigue en aumento.










